Carolina Larrea / Los artistas se toman el libro (como objeto de creación)

El libro ha sido objeto de estudio y experimentación desde su creación hasta nuestros días. Podemos recordar los primeros libros creados por los chinos, en las cuales sus páginas eran palitos de bambú cortados en finas láminas que servían de soporte para la escritura. Esto que en lo práctico es una manera de reunir información en un solo compendio, para nuestros ojos modernos, constituye un objeto de estudio y observación estética. También nos inspira en crear nuevas posibilidades en torno a lo que sería el futuro del libro remolino, desarrollado posteriormente en soporte de seda y papel.  Otros modelos han sido fuente de inspiración y experimentación para los artistas gráficos, como el libro acordeón o los pop-up, llegando a crear verdaderos libros escultóricos.

 Si reflexionamos en torno a los inicios de la relación entre los libros y los artistas, ésta fue más bien una acción colaborativa con los impresores, que con el tiempo y desde una visión panorámica, las artes visuales han ido ganando terreno en el espacio del libro. Desde esta misma perspectiva, el libro ya no es un espacio privilegiado de los escritores, así como también el libro de artista, no es espacio exclusivo de los artistas plásticos.